Etiquetas

Denunciar abuso

Ir al contenido principal

El regalo "maldito"

Tengo muy buena gente a mi alrededor, me lo demuestran día a día.

Recientemente he estado de cumpleaños y mi pareja me preparó una celebración sorpresa con esos buenos compañeros. Como toda celebración de aniversario, llegó el momento de los regalos, unos colectivos y otros individuales. Todos y cada uno de ellos maravillosos, pero uno me causó una ansiedad terrible a partir del día siguiente a recibirlo.

Ahora viajaré en el tiempo a diez años atrás. Anteriormente tenía una motocicleta que usaba a diario, una radiante Harley-Davidson. Mi Dama de Negro. Fue en 2015 cuando la vendí. Todavía me giro cuando escucho el maravilloso sonido de esas creaciones mecánicas.

Regresamos al presente.

El regalo "maldito" fue una Harley-Davidson, pero no en propiedad, si no un préstamo para el verano. Mi amigo sabe la situación emocional que estoy pasando y el motivo de su préstamo es para hacer terapia sobre ruedas, revivir viejos tiempos. Que agradecido estoy!!!

Al segundo día de tenerla me dije "voy a dar una vuelta", pero no pude. En cuanto me monté sobre ella una terrible sensación me invadió. Temblores de piernas, sudores... Me bajé de la montura y tocó tranquilizarme. Al día siguiente, por la mañana, un nuevo intento y la misma sensación. Tuve que tirarme en cama, controlar mi respiración, tranquilizarme... Cuando me relajé le dije a mi mente que no me iba a detener. Me vestí y me propuse arrancar los 1800cc que llevaba debajo de mí. Lo conseguí.

Durante el corto trayecto que realicé fueron muchas las inseguridades, a pesar de que tenía la situación controlada. 20 maravillosos kilómetros sintiendo el aire sobre mi cara, pero una vez regresar a casa la moto quedó aparcada una semana. El tiempo no acompañaba, pues llegaron varios días de lluvia, pero no me causó preocupación tenerla inmóvil.

Cuando regresó el sol, algo en mi me dijo "ahora, sal, es tu momento" y así lo lo hice. Una mañana de martes me fui a hacer gestiones con la montura americana, rigiendo por la autovía. Había olvidado esa sensación a la resistencia al viento. Maravilloso. Regresé a casa con ganas de más... y así fue. Tras comere regalé una ruta de placer, no para hacer recados ni obligaciones, pilotar por pilotar. Un maravilloso recorrido por una nacional pegada al río Miño, con árboles a ambos lados y curvas, cómodas y entretenidas curvas. Fue rejuvenecedor.

Todavía me causa "temor" salir, pero ya lo hago seguro. Puede que esta sensación se deba a la responsabilidad de que pueda pasarme algo con un objeto tan valioso que no es de mi propiedad. Mi terapeuta entiende mi incomodidad, pero me dió unos consejos que no dejaré en saco roto: salir a rodar por mis zonas de confort hasta que sienta que la moto es una prolongación mía o viceversa, y a partir de ahí, disfrutar de las hermosas carreteras y paisajes de los que disfrutamos en estas maravillas tierras gallegas.

Ya perdí tres semanas de rodaje, no puedo perder ni una más.

Comentarios