Esta mañana no ha sonado el despertador, pero el sueño se fue a la hora habitual de levantarse entre semana. Tras observar el reloj recordó que hoy era su primer día de baja médica, impuesta por su último ataque de ansiedad. No era el primero de estos ataques.
Tras darse media vuelta en cama, ya despierto, bajo las sábanas pensó que ese no era el camino si quería cambiar, no debía abandonarse a la pereza o a la desidia, así que algo hizo algún tipo de conexión en su cabeza que lo hizo ponerse en pie.
Consciente con la realidad, no hizo las cosas de forma acelerada, así que optó por prepararse un completo desayuno para saborearlo y disfrutarlo sin ninguna prisa. Algo latía en su pecho, y le hizo recordar que era el momento de tomar su primera pastilla, recientemente recetada.
¿Ahora qué hago? ¿Cómo afronto el resto de las horas del día sin que esta sensación tan horrible que se apodera de mi cuerpo a través de mi mente no regrese para coger el control? Hizo en su cabeza una lista de series de cosas a realizar para que todo, en la medida de lo posible, llenara los momentos del día de una forma relativamente organizada. No apuntó nada en ningún papel, nada visual que a su paso le recordase las actividades o que pudiese ir tachando en esa hoja para que cobrasen un sentido más visual, pues sabía que si no lo hacía podría engañarse a si mismo diciéndose que ya hará otra cosa o que eso no era tan prioritario como para hacerlo.
Dentro de esa lista mental que elaboró consiguió realizar las tareas, dedicándose por la mañana a realizar labores de jardinería que tenía aplazadas desde hacía semanas y nunca fueron su prioridad, hasta organizarse para dar un paseo por la naturaleza, algo que le encantaba pero que también había dejado demasiado en el olvido.
Se puso ropa de faena, para recordarse visualmente lo que iba a hacer y así no buscar ninguna excusa para dejarlas abandonadas en el primer momento de debilidad que invadiese su cuerpo. Ciertas tareas de jardinería las realiza con recelo por ciertas fobias que tiene que desde pequeño, pero se lanzó a realizar su propósito, y a pesar de no culminar la tarea al cien por cien, consiguió mantenerse ocupado durante todas las horas de la mañana.
Para la sesión de tarde se había organizado una ruta caminando por parajes que alternaban naturaleza y pistas de asfalto, una mezcla de sonidos entre ruido de motores y la melodía sigilosa de las hojas de los árboles que le hacían sentir en un lugar apartado de la realidad. Esta ruta iba a ser con compañía, pero vicisitudes de última de su compañero le hicieron lanzarse a esta actividad en soledad. «No pasa nada, siempre voy a caminar sólo» se decía, pero a los escasos 300 metros de iniciar algo le estaba acechando a través de su cabeza; se notaba como si fuese andando sobre una nube, sin sentir un suelo firme bajo sus pies, junto a una extraña sensación de mareo. Incluso se sentía sin aliento, como si hubiese finalizado una carrera de sprint frente a Usain Bolt. Se planteó abandonar, dar media vuelta y regresar a casa. Comenzó una nueva lucha con sigo mismo, hablando con su cabeza: «No puedo abandonar», «Necesito regresar antes de que me maree», «Esto no se considera un paseo, debo seguir», «Mañana será otro día»… muchas contradicciones se enfrentaban dentro de si, contradicciones que le producían ganas de llorar, pero en mitad de esa discusión llegó a un paraje que le encanta por su hermosura, tradición e historia y dicha discusión llegó a su punto final.
Tras la discusión interna, comenzó a hablar consigo mismo y plantearse otra forma de terapia personal. Se dijo que debería plasmar los pensamientos y sensaciones que va teniendo a lo largo del día y vincularlos a la acción que está realizando en el momento de esa aparición. Pensó en hacerse un diario, pero la escritura sobre papel a la antigua usanza la tenía casi olvidada y le frustraría que un día tenga una grafía elegante y entendible y que otro día fuesen las prisas quien le obligase a usar la letra estándar e ilegible de los médicos, por lo que pensó un diario anónimo y digital podría ser la mejor opción. De esta forma podría acceder a su lectura en cualquier lugar y momento sin la necesidad de tener la libreta a su alcance, y tal vez poder llegar a otras personas que están pasando por su misma situación y pueda en gran medida ayudarles de algún u otro modo.
Tras finalizar el paseo, a lo largo del cual sintió en varias ocasiones esas angustiosas sensaciones de ansiedad, provocándole supuestos mareos, mucho peso sobre su cabeza, momento de caminar zigzagueando… consiguió regresar a casa y sentir una sensación de plenitud. Era tal la adrenalina que invadía su cuerpo que decidió retomar una vieja aplicación que tenía instalada en su teléfono para hacer ejercicios y poder fortalecer sus músculos. Cinco minutos, que aunque pueda parecer poco tiempo se le hicieron interminables, fue lo que duró esta sesión de ejercicios. Cinco minutos en los que pensó abandonar, donde el cansancio o el dolor de sus piernas no pudieron apagar la llama de su propósito, una llama que aumentaba a medida que se acercaba el fin de este nuevo reto diario.
Tras una merecida ducha reconfortante (y necesaria), no tenía más propósitos en la lista de actividades que había escrito en su mente a la hora de su extendido y relajado desayuno y decidió improvisar. Había finalizado con éxito una mañana de actividades y culminado su actividad física en la sesión de sobremesa. ¿Qué haré ahora?
Él no es un manitas en la cocina. Muchas veces se plantea actividades culinarias pero siempre algo le produce la sensación de abandonar y retirarse. Sus dudas de que las elaboraciones gastronómicas salgan mal y que la gente que depende de su cocina se quede sin comer porqué le salga mal el cocinado es su principal motivo de abandono.
Siempre guarda recetas en su móvil de platos que ve a través de las redes sociales, pero esta vez la confianza se adueñó de él. La falta de ingredientes le obligó a salir a hacer la compra, pero camino al supermercado le ganó la idea de ir al bar de confianza e intentar sociabilizar con su círculo, pero esta vez cambiando sus tradicionales hábitos de consumo.
Cuando uno va a su bar de confianza basta con decir buenas tardes para que el camarero ya sirva en automático la bebida de costumbre. La respuesta no a la pregunta ¿lo de siempre? no fue tan difícil como lo parecía de camino. La sorpresa fue por parte del hostelero y los demás clientes allí presentes al ver que cambió su tradicional cerveza y chupito de hierbas por un té verde con hielo y una rodaja de limón. Fue una extraña sensación, no era lo habitual, pero sabía que pequeños cambios son necesarios en el camino al cambio. Falta decir que la contraindicación de las bebidas estimulantes con su nueva medicación no son los mejores aliados, aunque en el pasado el consumo de ciertos fármacos no fueron impedimento para el consumo de estas bebidas espirituosas.
Una vez superado este difícil desafío, se dirigió a realizar esa compra con la que quería realizar un exquisito plato y sorprender a sus comensales. Su falta de hábitos en la cocina, por no llamarlo torpeza, se convirtió en una hora de elaboración. Tiene el problema de ser metódico y ello le hace perder mucho tiempo a la hora de preparar un plato. La paciencia y tranquilidad que desprende externamente curiosamente le acompañaron en su interior y no recibió la visita de ninguna frustración y desánimo en su propósito. Su trabajo fue compensado por una aprobación total de sus compañeros de mesa, una aprobación que necesitaba oír, aunque fuera innecesario, para empujarlo un poquito hacia el camino de perder ese miedo a enfrentarse en soledad a los fogones.
Fue para él un día de incertidumbres debido a sus cambios y viejos hábitos: levantarse sin horarios, planificar el día para escapar de las emociones y sensaciones negativas, retomar actividades que tenía guardadas al fondo del cajón de las cosas inservibles, cambiar hábitos de consumo social e incluso hacer que el poder disfrutar de una cena medianamente comestible dependiese únicamente de su persona.
Un primer día de intento de cambio, de lucha personal interna, finalizado, con la esperanza de poder seguir en este camino para poder enterrar a los demonios que lleva dentro.


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