Ha llegado uno de los días más esperados desde que inició su baja laboral el pasado lunes, el día de visitar al psiquiatra.
Inicialmente la consulta estaba programada para primera hora de la tarde, pero una llamada telefónica el día previo le avisó de un retraso en la agenda de la doctora y se retrasó a última hora de la jornada. Estos cambios fuera de su control deberían alterarlo emocionalmente, como norma general, pero está vez no fue así.
Sonó el timbre de la pared mostrando el número de su ticket y de dirigió a la consulta.
- Buenas tardes, pase y siéntese - le invitó a entrara la psiquiatra - cuénteme.
Él le relató los recientes acontecimientos en su vida: ha tenido que ser evacuado al hospital desde su centro de trabajo por lo que inicialmente parecía un infarto debido a los síntomas que padecía. Tras el segundo aviso sé si cuerpo los profesionales de urgencias le indicaron que debería acudir a un psicólogo, pues si problema no era físico, no había alteraciones cardíacas ni ningún otro riesgo médico que en urgencias pudiesen tratar.
Todavía queda por trabajar en sesiones de terapia, pero sabe que hay más cosas que el estrés o el mal ambiente laboral, como problemas familiares, tanto del presente como del pasado, también traumas personales, así como algunas fobias.
Salió de consulta con una nueva cita para revisión, una nueva medicación y un volante para sesiones de terapia con un psicólogo.
Se aproximan momentos duros, momentos de trabajo intenso y agotador... momento de abrirse y sacar sus emociones.
Ha sacado la valentía de pedir ayuda y querer aceptarla.

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