En un nuevo amanecer, la mañana sería a contrarreloj. Él siempre ha tenido una obsesión por la hora y el exceso de puntualidad en llegar a los sitios. Fue algo inculcado desde pequeño que se quedó arraigado en su interior pasando a ser parte de su personalidad.
Una cita en Pontevedra, a 45 minutos de su domicilio, programada para las 10.30 horas, fue una prueba de fuego para batirse frente al reloj. Conoce perfectamente el trayecto por realizarlo con asiduidad, así que se obligó a salir a de casa a las 9.40 h. Con las improvisaciones del tráfico, llegó a tiempo a su destino, a las 10.29.
En la consulta hablaron de la evolución en los últimos días de su estado, explicándole a su terapeuta la gestión del tiempo y su día a día a grandes rasgos, sin entrar en muchos detalles concretos.
Durante la conversación él le comentó que está haciendo un diario, en el cual plasma emociones, sensaciones... La psicóloga se interesó por ello y le pidió que explicara más. Tras escucharle, le hizo una corrección, una importantísima corrección: no escribas los sentimientos negativos, las malas experiencias de tu día a día. Quieres salir de esa zona de ansiedad, y hablar sólo de ello no hará posible avanzar en la terapia. A lo largo del día seguro que te ocurren cosas maravillosas y positivas, escribe sobre ellas. Es una balanza, vivirás cosas negativas y positivas. Si te centras en las cosas buenas el avance será más rápido y te reconfortará cuando leas que día a día vas teniendo más cosas buenas que malas.
Hasta el día de la fecha él estaba trabajando en su mejora interior, creía que de la forma correcta, pero esta sesión de terapia le ayudó para redirigir su camino y hacer su ejercio de la forma adecuada.

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