Hoy me desperté con buena energía y esperanza. Es más... madrugué más que el despertador, y eso ya es buena señal.
Entre las varias sensaciones positivas de este despertar opté por cambiar la tercera persona de este cuaderno digital por la primera, para que cuando me relea a mí mismo me recuerde que este trabajo es algo personal, que estoy hablando de mi propia persona y no la historia de alguien ajeno.
El reto al que me enfrentaba en la noche de ayer, de plantarle cara a la bebida sin control se ha superado. Cierto es que mojé varias veces mis labios en frescas cervezas y otras bebidas espirituosas, pero controlando con mi mente los impulsos de quería seguir con esa ingesta desmedida que era habitual en los últimos encuentros sociales.
Regreso al magnífico despertar de hoy, sin resaca, sin dolores de cabeza, sin remordimientos, sin ganas de llorar no presiones en el pecho.
Se puede, sé que puedo por qué yo tengo el control de mi cuerpo y soy el dueño y responsable de mis actos.

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