Las juntanzas entre el grupo de amigos para hacer meriendas-cenas en el bar es algo más que habitual. No hace falta un motivo para ello.
Esta vez escogimos una noble causa para juntarnos y organizar una fiesta sorpresa a una camarera que abandona el barco (desde dentro de la barra) y la gerencia y grupo más habitual de clientes-amigos decidimos hacerle una fiesta sorpresa de despedida por todo lo alto.
Todo iba sobre ruedas, según lo planeado, hasta que llegó un mensaje inquietante en el grupo de WhatsApp creado para el evento: hay que adelantar todo que se va en cuanto acabe su turno.
El nervioso apareció de repente teniendo que organizar un boikot para que alguien fuese antes de la hora programada para entretenerla en el local. La encargada de hacer la merienda-cena había calculado los tiempos de elaboración en base al horario inicial acordado días antes. Se mascaba la tragedia y que el encuentro se convirtiera en una fiesta sorpresa sin homenajeada presente.
Todo cambió cuando cuando de camino al coche, en una zona fuera de vistas (pero en las instalaciones externas del local) escuchó un gran “sorpresa!!!”, coreado por todos los que pudieron adelantar su presencia a la hora inicial programada. Aparecieron lágrimas de emoción y alegría.
Todos aquellos planes que tenía tras finalizar su jornada se evaporaron y cambiaron por compartir una tarde-noche en compañía de las personas que hicieron un hueco en sus vidas para este homenaje despedida.
La amistad demuestra que está por encima de todo y que estos gestos gratuitos regalan felicidad de una forma indescriptible.

Comentarios
Publicar un comentario