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Pequeño paso atrás

 


Llegó uno de los días más esperados: el inicio de sus sesiones con la terapeuta.

Se levantó ilusionado, con ganas de empezar a trabajar con todo aquello que le atormenta y le produce esas sensaciones internas tan desagradables.

Durante la mañana, recibió un mensaje de auxilio del trabajo en el cual le solicitaban ayuda y asistencia para poder solventar una incidencia. Algo se despertó en su interior. Fue abrir la caja de mierda en la que estaba trabajando para que esos sentimientos no regresaran, pero volvieron a subirle las pulsaciones y si tensión arterial volvió a dispararse. El cuarto se hacía poco a poco más pequeño y empezaba a faltarle el aire. La luz que le iluminaba esa mañana empezó a menguar con esta gran nube que comenzó a taparla.

Por la tarde, el cuerpo le pesaba, pero tenía que coger el coche para desplazarse a la ciudad y cumplir con su cita programada. El viaje se hizo eterno. Durante el trayecto, en un fresco día de otoño con amenaza de lluvia, el calor se adueñaba de su cuerpo, haciendo que fuese necesario circular por la autovía con las ventanas abiertas. 80 km/h en el velocímetro le parecía una velocidad exagerada para su capacidad de concentración en la vía y en los demás vehículos. Le agobiaba cuando un coche le adelantaba por el carril rápido y sentía que no cogían. Tuvo pensamientos de parar en el arcén por no poder continuar pero se daba pellizcos para espabilarse. Las manos le sudaban. En su cabeza se decía a sí mismo "todo está bien, es tu mente que te la está jugando, no tienes nada, no estás mareado y el estado de alerta, aunque no seas consciente de ello, está atento a la carretera. Tú mente será una cabrona, pero no te va a poner en peligro y hacer que sufras un accidente ".

La eterna media hora de viaje consiguió finalizar sin ninguna incidencia de tráfico.

Llegó a la consulta, como es habitual en él, antes de la hora. Se acomodó en la butaca de la sala de espera hasta que llegó su turno.

Una vez sentado en la consulta, con la psicóloga en frente, esa caja de mierda que se había agrietado un poco por la mañana reventó. Empezó a contarle sus mierdas, las que él consideraban que lo habían llevado a este estado, una tras otra a la terapeuta, con voz titubeante y a veces tartamudeando. Una vez finalizado todo, sus problemas personales, familiares y laborales, por encima, la respuesta recibida fue "tenemos mucho trabajo".

Tras cuarenta y cinco minutos de sesión que pasaron muy rápidos y amenos gracias a la buena conexión paciente-terapeuta programaron una nueva cita.

El regreso a casa fue más normal, no había esas sensaciones incómodas al volante. Su mente hecho creer que volver a enfrentarse verbalmente a sus problemas, volver a sacarlos al exterior, volverían a llevarlo al punto de partida. Por un momento fue así, pero tener que enfrentarse nuevamente activamente a ellos provocó un pequeño paso atrás en lo que él pensaba que estaba yendo hacia adelante.

Había desconectado de sus problemas, pero esa no es la solución para sanarlos. Debe tenerlos presentes y enfrentarse a ellos, aceptarlos y afrontarlos. Algo estaba haciendo mal, que ahora cogido de la mano de su ayudante en este viaje, espera corregir y enterrar, sin guardar en ningún baúl de los recuerdos.

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